Acudía a tu auxilio de forma inmediata. "Hola, qué tal?", tu sonrisa y perdí por goleada. Te apoderaste al instante de mi ocio y al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio.
Una ráfaga de balas seductoras no lograban vulnerar una coraza idiota, y con mi seguridad ya en la miseria, fuimos por un café, juntos, los 3: Vos, yo y tu histeria.
Sin mucho más que hablar, nos despedimos. Comprobé que ya era inútil extender ese partido...
¿Quién dijo que no se puede combinar inconstancia, inconciencia y lealtad?
¿Que es imposible dar un paseo un día a tu cielo, un día a mi infierno?
Estoy seguro, compañero,
y me juego mi alma loca,
que no debe existir boca
como esta, en el mundo entero.