domingo, 1 de mayo de 2011

Acudía a tu auxilio de forma inmediata. "Hola, qué tal?", tu sonrisa y perdí por goleada. Te apoderaste al instante de mi ocio y al fin y al cabo, pude entender que hiciste negocio.

Una ráfaga de balas seductoras no lograban vulnerar una coraza idiota, y con mi seguridad ya en la miseria, fuimos por un café, juntos, los 3: Vos, yo y tu histeria.

Sin mucho más que hablar, nos despedimos. Comprobé que ya era inútil extender ese partido...

¿Quién dijo que no se puede combinar inconstancia, inconciencia y lealtad?

¿Que es imposible dar un paseo un día a tu cielo, un día a mi infierno?

Estoy seguro, compañero,
y me juego mi alma loca,
que no debe existir boca
como esta, en el mundo entero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario