jueves, 3 de febrero de 2011


Estimado señor presidente venga a caminar conmigo, pretendamos ser sólo dos personas y que usted no es mejor que yo. Me gustaría hacerle algunas preguntas si podemos hablar honestamente.
¿Que siente cuando ve a todos los barrios en la calle? ¿Acaso reza por la noche antes de irse a dormir? ¿Que siente cuando se mira al espejo? ¿Esta usted orgulloso? ¿Como duerme mientras el resto de nosotros llora? ¿Como sueña cuando a una madre se le hace imposible decir adiós? ¿Como camina con su cabeza bien en alto? ¿Puede mirarme a los ojos y decirme por que?
¿Era usted un chico solitario? ¿Es usted un chico solitario? ¿Cómo puede decir que ningún niño es dejado atrás?. No somos tontos y no somos ciegos. Están todos sentados en sus celdas, mientras usted paga el peaje al infierno.
¿Qué clase de padre le sacaría los derechos a su propia hija? ¿Y qué clase de padre podría odiar a su propia hija si ella fuera gay?...
Déjeme hablarle del trabajo duro, mínimo emprendimiento con un bebé en camino. Déjeme hablarle del trabajo duro, reconstruir tu casa después de que las bombas te la quitaran. Déjeme hablarle del trabajo duro, construir una cama de una caja de cartón. Déjeme hablarle del trabajo duro. Usted no sabe nada del trabajo duro.
¿Cómo duerme de noche? ¿Cómo camina con la cabeza en alto? Querido señor Presidente nunca caminaría conmigo.

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